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La Piel

Aún no hace mucho tiempo,  se consideraba la piel como una capa del organismo cuyo único objetivo era protegerlo del ambiente exterior. Los conocimientos actuales han llevado a reconocer la piel como un órgano vivo: el  más pesado y el más amplio del cuerpo. Cada vez, se le otorga  mayor importancia  porque se le atribuyen más funciones y porque al estar interrelacionado con los demás órganos del cuerpo e,  interaccionar con ellos, acaba teniendo un aspecto que puede llegar a dar una idea de cuál es el estado de salud de un individuo.

Los conocimientos actuales han llevado a reconocer la piel como un órgano vivo

La piel tiene tres funciones básicas:

1 -Protección

Por aislar el resto del cuerpo de los ataques mecánicos, físicos, químicos o microbianos  que recibe desde el exterior  protegiéndolo mediante una serie de mecanismos físicos que la hacen impermeable, resistente y flexible  y por otros químicos de defensa (inmunológicos) por los que rechaza la intromisión de elementos perjudiciales.

2 – Transmisión

Sirve para transmitir información entre el cuerpo y el mundo exterior a través de sus terminaciones nerviosas que se activan cuando reciben estímulos táctiles, térmicos y dolorosos.

3 – Intercambio

Permite  numerosos intercambios entre el organismo y el exterior al intervenir en los mecanismos complejos de regulación de la temperatura corporal, eliminación de calor y evaporación del sudor secretado por las glándulas sudoríparas, así como la eliminación de sustancias nocivas y en la síntesis de vitamina D, que es esencial para el crecimiento de los huesos.
A la vista está que la morfología de la piel es diferente según la zona del cuerpo que recubra y así encontraremos zonas de piel más fina ( en párpados y genitales) y otras más  gruesas (en labios, plantas de los pies y palmas de las manos) pero, esencialmente, se puede considerar formada por  tres capas superpuestas separadas entre si que son de fuera a dentro,

Las tres capas que forman son la epidermis, la dermis y la hipodermis

capas-piel

 

La epidermis compuesta fundamentalmente por queratinocitos, melanocitos y otras células. Los queratinocitos son células que, al envejecer, se cargan de una sustancia impermeable, la queratína  que es la mayor responsable de la protección que brinda la piel. Los melanocitos  son las células que protegen contra la acción nociva de los rayos de  sol y que le dan su color  ( su pigmentación) . Entre las otras células, las de Langerhans y los linfocitos, son importantes porque forman parte del sistema inmunológico.
La epidermis está formada por cuatro capas:  basal, la más profunda, mucosa, granular y la capa córnea que es la capa superior.

Inmediatamente debajo de la capa basal de la epidermis encontramos la dermis, que es un tejido de espesor variable, donde hay vasos sanguíneos, más células inmunológicas, glándulas sudoríparas, folículos sebáceos, receptores sensoriales que reaccionan a la presión o la temperatura, el dolor y terminaciones nerviosas sensibles. Los principales componentes de la dermis son las fibras de colágeno y elastina que garantizan que la dermis siga siendo fuerte, flexible y elástica.
Debajo de la dermis está la hipodermis que es un tejido donde hay grasa, más o menos abundante en función de las personas y las partes del cuerpo. Constituye un importante  depósito  de energía.

Aunque la piel refleja el estado de salud o enfermedad de nuestro cuerpo, también puede, ella misma sufrir, diferentes agresiones como heridas o quemaduras e incluso enfermedades llamadas dermatitis como la seborrea.

A simple vista parece lisa y llana pero en realidad presenta pliegues, surcos y poros además de otras estructuras. Los pliegues  están presentes en todos los individuos sobre la cara dorsal de ciertas articulaciones, incluso cuando estos están en extensión completa  (codos, rodillas, dedos, muñecas, etc.). Las arrugas también se consideran  pliegues y se originan por la contracción muscular, que es debida a  movimiento o a  disposiciones estructurales de la piel. Los poros cutáneos  son los canales de salida de las glándulas sudoríparas y de las  sebáceas.

La piel se deteriora con la edad. De nosotros depende evitar que ese deterioro no sea demasiado prematuro o demasiado profundo tomando las medidas adecuadas.

El deterioro de la piel es lo que provoca el envejecimiento cutáneo prematuro y se debe a factores internos y externos.

Factores externos: El principal enemigo de la piel es el sol, pero esto no quiere decir que se deba prescindir totalmente de él ya que ayuda a regular la secreción sebácea y a sintetizar la vitamina D, pero, las exposiciones solares, deben ser cortas  cuando la intensidad lumínica sea muy alta para evitar sus efectos perjudiciales. También los jabones pueden llegar a ser enemigos de la piel si se usan en exceso o son inadecuados. Además de los dos señalados, hay otros factores que participan en la desprotección de la epidermis pero, sin duda, sobre estos dos es sobre los que más fácilmente podemos ejercer algunas acciones que nos ayuden  a mantener una piel más saludable.

Factores internos: Son debidos  principalmente a problemas de alimentación, no llevar una dieta equilibrada puede originar un déficit de vitaminas en nuestra piel. También son muy dañinos algunos tóxicos que se ingieren como el alcohol, el humo del tabaco o las drogas.

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