PELIGROS QUÍMICOS DE LOS ALIMENTOS (I)

Los peligros físicos de los alimentos
14 febrero, 2018
Cuida tus oídos en Fallas
15 marzo, 2018
Mostrar tot

PELIGROS QUÍMICOS DE LOS ALIMENTOS (I)

Cuando hablábamos de los peligros físicos de los alimentos lo hacíamos de una cuestión relativamente sencilla puesto que, en general, sólo provocaran daño aquellos objetos físicos cuyo tamaño sea perceptible a simple vista, y porque sus amenazas resultan fácilmente evitables con la mera inspección del alimento.

Con los agentes químicos no pasa lo mismo, porque no suelen guardar relaciones peligro-tamaño sino peligro-dosis ingerida y como sus dosis, en la mayoría de los casos, no necesitan ser grandes, su presencia no  varía el aspecto del alimento (color, olor, sabor, textura) y quedan como «ocultos»,  es decir, son invisibles, lo que determinará que la inspección visual del alimento no sea suficiente para descartar una contaminación.

Además, sus efectos indeseables también son diferentes: no provocarán daños, sino unas enfermedades que, la mayoría de las veces, serán intoxicaciones. Su gravedad será muy variable, y su gradación irá desde leves hasta severas y producirán, incluso, muertes.

Sus consecuencias  no serán, siempre, inmediatas a la ingestión, pueden tardar en notarse un tiempo y aparecer a medio o incluso a largo plazo. A veces, se requerirán ingestiones repetidas de un mismo agente para que éste provoque los efectos no deseados.

Las enfermedades, en ocasiones, son tan leves que no requieren tratamiento, y  curan espontáneamente, pero otras no mortales se pueden convertir en crónicas. La gravedad dependerá, además de la naturaleza química del agente, de la susceptibilidad del afectado al o los agentes implicados.

Aunque la sintomatología de muchos de ellos sean semejantes, casi siempre con matices o disparidades, las evoluciones de las patologías a dan lugar puede presentar diferencias, lo cual, unido a que el número de sustancias químicas peligrosas es enorme y a que se descubren nuevas cada día, motiva que encontrar el factor causal o establecer un diagnóstico y su correspondiente tratamiento sea muy dificultoso.

Una de las peores intoxicaciones químicas (o fisicoquímicas) sufridas por la  humanidad, si no la peor, fue la intoxicación masiva producida por las emisiones radiactivas procedentes de la explosión de la central nuclear de Chernóbil. Como consecuencia de la nube radiactiva que se originó, se contaminaron miles de kilómetros cuadrados a su alrededor y, se produjo  una catástrofe humanitaria inmediata enorme por contacto directo con las partículas radiactivas a la que se fue añadiendo otra más soterrada al transmitirse, por medio del agua y de los alimentos contaminados, estas partículas, a la población.

Los elementos radiactivos de Chernóbil los consideramos como agentes químicos, aunque en ocasiones en algunas publicaciones científicas aparecen como físicos ( en realidad lo son fisicoquímicos) porque si lo hacemos de esa manera, podemos confirman la idea de la improbabilidad de que una intoxicación física afecte un área y un porcentaje extenso de la población de un territorio determinado, cabiendo esperar que, en términos de salud pública, los agentes físicos, causen unos daños leves y limitados.

En España, el caso más llamativo y trágico de intoxicación por agentes químicos ocurrido, es la enfermedad por aceite de colza desnaturalizado, también conocido como Síndrome Tóxico o Neumonía Atípica, una intoxicación masiva que apareció en 1981, que afectó a unas 20.000 personas y causó la muerte a más de 1000. Aunque hay una línea de investigación que atribuye la enfermedad a tomates envenenados, según una sentencia del Tribunal Supremo, el responsable de la intoxicación fue el aceite de colza desnaturalizado para uso industrial que fue desviado conscientemente y por «un desmedido afán de lucro», al consumo humano. ​ En cualquiera de los dos casos, sea colza o tomate, es el peor caso de envenenamiento de la historia de España y  está claro que los responsables de la enfermedad fueron uno o varios agentes químicos presentes, bien en los tomates, bien en el aceite y que los afectados que han sobrevivido sufren secuelas en muchos de sus órganos con diferentes grados de afectación que les provoca, incluso, grandes invalideces. En el momento actual aún hay muchas personas sufriendo las consecuencias.

Lo dejamos por hoy continuaremos en el próximo blog

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *