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Los peligros físicos de los alimentos

Son los producidos por todo tipo de materias extrañas cuya presencia es anormal en los alimentos y que pueden ocasionar daño real, aversión psíquica o un defecto de calidad. También podemos considerar como tales los debidos a aquellas partes del alimento que, por sus características, puedan  provocar esos mismos efectos. Los huesos de aceituna,  los frutos secos pueden ser peligrosos cuando los ingiere la población infantil o los ancianos. Los daños que pueden producir son de tipo mecánico o traumático, como heridas, cortes u obstrucción de las vías respiratorias entre otras, y, difícilmente enfermedades. Pueden proceder del alimento o bien ser agregados accidental o intencionalmente por los manipuladores.

El daño derivado de los peligros físicos, en los alimentos procedentes de de las industrias  alimentarias, son relativamente infrecuentes.  En 2015, de las notificaciones de alerta recogidas por las autoridades sanitarias españolas, sólo el 4,89% de ellas, correspondían a este tipo de peligros. Si bien no son la  mayor amenaza para la salud, son los que peor imagen dan a aquellas industrias. Normalmente se distinguen a simple vista en el momento de la compra y resultan muy impactantes para los consumidores porque son los que más se ven: es  desagradable, encontrar  algo que no debería estar en el alimento que se acaba de adquirir: un pelo, un plástico… , aunque el peligro de enfermar o lesionarse por su presencia sea muy pequeño.

Ejemplos de  peligros físicos son:

– fragmentos del material del envase o embalaje, o de la maquinaria utilizada en el proceso de los alimentos, como cristal, metal, plástico, tornillos, juntas, etc., que se incorporan accidentalmente al alimento en el proceso productivo.

– Materias extrañas que pueden acompañar las materias primas, como piedras, ramas, restos de huesos, dientes, etc.

– Partículas radioactivas emitidas como consecuencia de una irradiación excesiva del alimento o una contaminación ambiental.

El riesgo real de su ingestión depende del tamaño y material de que se trate: Los materiales más densos (metal, vidrio, piedra) suelen ser más peligrosos y el tamaño afecta a su peligrosidad, (menor por debajo de 2,5 mm). También influye el individuo que lo ingiere.

Normalmente proceden de maquinaria (tornillos, alambres, soldaduras…), manipuladores (pelos, uñas, bolígrafos, cuchillas…), material de acondicionamiento del alimento ( envases ), mal mantenimiento de las instalaciones o plagas.

Puede que el material más peligroso sea el vidrio. Sus fragmentos pueden ocasionar cortes en la boca, o aún peor en el aparato digestivo, si se tragan. Si se trata de piezas lisas de cristal como las de los relojes, pueden causar atragantamiento, o, al ser mordidos por el consumidor,  romperse en fragmentos afilados.

Su control en las industrias alimentarias es relativamente sencillo y se basa en la prevención. Las regulaciones legales en la Unión Europea les obligan a ello, y de acuerdo a ellas, la mayoría deben desarrollar planes adecuados para realizarlo, que fundamentalmente se aplican formando a los manipuladores y vigilando su vestimenta, incluidos  los complementos como relojes, pulseras, cadenas…, realizando un mantenimiento adecuado de las instalaciones y desarrollando  métodos para someter a exámenes  los productos  para descubrir su presencia:  detectores de metales, tamices…

Son fáciles de encontrar en las materias primas de origen vegetal, presentes en el interior de la misma planta, (entre las hojas) o introducidas durante la recolección. ¿Quién no conoce a alguien que tenga algún diente afectado por esta causa? Por eso es importante cuando vayamos a consumir un producto no industrial, susceptible de que exista en el mismo un riesgo físico,  inspeccionarlo con cuidado para evitarnos contratiempos.

En el cuadro que hay seguidamente verás una clasificación más exhaustiva:

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