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Vamos a comer en Navidad!

Ya está aquí la Navidad, ha llegado la hora de las comidas navideñas. Quieras o no quieras, comerás. Y con ganas o sin ganas, comerás demasiado y tendrás suerte si sólo te excedes uno o dos días. Lo más probable es que comas muchísimo durante muchos días y que alguna vez lo hagas de tal manera que difícilmente no venga el momento en que estés a punto de reventar. Y lo peor es que es difícil decir que no, que basta: ¿o acaso quieres quedar mal con tu madre, o  tus hermanos, o tus amigos, o con los compañeros…, o incluso con el camarero que pone ante ti esa colección de los apoteósicos platos que llegan uno detrás de otro, o casi a la vez, dejando de tragarlos, o al menos de probarlos, sabiendo que  estarán buenísimos? Claro que no, dice nuestro pequeño demonio interior: son platos de fiesta de esta época, y son muy sabrosos. Y lo son porque suelen tener un componente perjudicial y en cantidades bastante elevadas: la grasa. Ya sabes que la grasa es lo que da más sabor a la comida, y también lo que más obtura las arterias y lo que más calorías tiene. Y encima, todo se riega con bebidas alcohólicas, que son, también, obturadoras y muy energéticas. Y por si falta algo, cuando se acaba la comida en si, llega el momento de los dulces navideños, y del cava que nunca se acaba porque siempre tienes la copa llena. ¿Qué sería de la Navidad sin los turrones, los pasteles de boniato y los de gloria? Y así nos ponemos. Cuando acaban las fiestas, estamos hechos una gloria y se han ido a hacer puñetas los esfuerzos que hemos ido haciendo a lo largo de muchos meses para lucir un poco más saludables o más magros. Pero, ¿qué le vamos a hacer?, ¿renunciaremos a probar la gastronomía típica de esta época del año? ¡Caramba!, si queremos vivir mejor, hemos de participar de las fiestas y, aunque queramos estar más delgados, de no ser por obligación, para que no se resienta la salud, comer algún día hasta el exceso, porque lo hace todo el mundo y porque, si no, nuestra moral puede bajar hasta los infiernos ¡Vaya un dilema! ¿Qué podemos hacer?
Fácil. No hay que privarse, pero sí moderarse y compensar. ¿Cómo?

Te proponemos esto:

  • Prepárate los días previos y posteriores con una dieta que tenga pocas grasas. Y compensa los excesos equilibrando las comidas próximas, pero no te saltes ninguna. Si vas a hacer una comida fuerte a mediodía, haz una cena ligera con fruta y yogur desnatado. Si la harás por la noche, que sea ligera la comida anterior, quizás de pescado a la plancha con verdura.
  • No acudas a una gran comida con el estómago vacío. Come antes algo que tenga efecto saciante.
  • Procura no repetir, seguro que el anfitrión tiene pensado un menú lleno de sorpresas que tendrás que probar.
  • Cuidado con el alcohol: tiene muchas calorías. Bebe con moderación y no olvides que el agua es el mejor aliado contra la sed y  lo que más ayuda a deglutir los alimentos. Espera al brindis para tomar una copa.
  • Toma los dulces navideños con moderación y procura compensarlos con el resto de la dieta.
  • No dejes de hacer tu ejercicio físico habitual: te ayudará a gastar el exceso de calorías que estés tomando entre tanta comida y cena.
  • Si eres tú el anfitrión, elabora un menú que no tenga mucha grasa. Muchos platos  sabrosísimos no la tienen. En internet puedes encontrar lugares con sugerencias de buenos platos, muy adecuados para estas fiestas.

En ocasiones no es grave que te sobre comida. Incluso puede ser una bendición. Lo puedes comprobar con el regalito que te dejamos, al final de este escrito, un enlace a un libro electrónico, con recetas de de cocina elaboradas a partir de las sobras, para que puedas aprovechar algunas y quitarte el dolor de cabeza que supone tener que pensar en el próximo menú rutinario, porque la Navidad acaba más pronto que tarde.

Pero sobre todo como final, te recomendamos una cosa muy importante: disfruta de la Navidad y hazlo pleno de alegría, de entusiasmo y de emoción, y ten en cuenta una cosa muy destacable: Queremos que seas feliz.

 

Queremos que seas feliz.
tu, tus parientes y amigos
y que todos los hombres sean ricos
para compartir a pellizcos
de un delicioso pastel,
 de la vida

 

Nuestro regalo de Navidad: Cocina con sobras

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